‘MEDEA’ de Eurípides

SELECCIÓN DE ‘MEDEA’ DE EURÍPIDES

Argumento de la obra,  y lectura dramatizada de un centenar de versos seleccionados del inicio de la obra.

introducción
La nodriza de los hijos de Jasón y Medea está preocupada. Tiene miedo de que Medea planee algo malo. Esta preocupación la comparte con el pedagogo de los niños, a quien pide que aleje en lo posible a los hijos de su madre.
Medea comparece ante el coro de mujeres corintias y lamenta que el hombre por el que ella dejó su hogar, su tierra y su familia la haya traicionado.
    El rey Creonte se presenta a Medea y le ordena que abandone la tierra de Corinto Jasón  también va a hablar con Medea y se produce una fortísima discusión entre ellos.
Entonces Medea, para vengarse de Jasón, planea matar a la hija de Creonte, la princesa con la que se va a casar Jasón y, después, matar a sus hijos, para que Jasón no pueda quedarse con ellos.
    Medea prepara entonces una pócima mortal con la que impregna un vestido como regalo para la princesa. Cuando se pone el vestido, éste se le adhiere a la piel y el veneno le quema la carne como un ácido. Su padre, al ver a su hija agonizando la abraza desconsolado y, entonces, el vestido se pega también al cuerpo de Creonte ocasionándole la muerte.

Cuando Jasón se entera de lo que ha pasado, corre a pedir explicaciones a Medea, pero la mujer, en presencia de Jasón, asesina con un cuchillo a sus hijos, huyendo de Corinto en un carro tirado por caballos alados.

La escena representa la fachada de la casa de
 Medea en Corinto; de ella sale la anciana nodriza
 de los hijos de Medea que recita el prólogo.

NODRIZA
¡Ojalá la nave Argo jamás volado hubiera
más allá de las Rocas Simplégades hacia la tierra de la Cólquide!
Caer los pinos nunca debieron en los valles
del Pelión para armar con el remo los brazos
de los nobles varones que para Pelias fueron
tras el áureo vellón. Y así mi ama, Medea,
hacia las tierras de Yolcos no habría navegado
con su corazón loco de amor hacia Jasón
Pero ahora desunión es todo y sufrimiento
de aquellos a los que amo, pues Jasón a sus hijos
y a mi dueña abandona por una boda real
con la hija de Creonte, tirano de esta tierra;
y la infeliz Medea, de tal modo ultrajada,
gritando el juramento recuerda y a los dioses invoca
para que el trato vean que de Jasón recibe.
Y yace sin comer, al dolor entregando
su cuerpo y consumiéndose con lágrimas constantes
desde que conoció la afrenta de su esposo,
sin levantar los ojos ni separar del suelo
su mirada ni oír la voz de sus amigos
más de lo que lo hicieran rocas u olas marinas.
Tan sólo alguna vez vuelve su tierno cuello
para gemir a solas por su padre querido,
su país y su casa, que traicionó al marchar
con el hombre que ahora tal ofensa le infiere.
Y en su infortunio aprende la mísera qué bueno
es el no partir nunca de la paterna tierra.
Y aborrece a sus hijos y en verlos no se goza;
temo incluso que algún raro proyecto trame.
Pues duro es su carácter y soportar no puede
que nadie la maltrate. La conozco y la temo:
y quienquiera que en su enemistad incurra
no resultará fácil que la victoria obtenga.

Entran por un lateral los dos niños hijos  de Medea seguidos de su pedagogo.

Mas aquí están sus niños que se acercan dejando
de correr y que nada saben de los reveses
de su madre: no suelen sufrir las almas jóvenes.

MEDEA (Desde el interior de la casa)
¡Ay!
¡Desgraciada de mí, qué infeliz, qué dolor!
¡Ay, ay, ay! ¡Ay de mí! ¿Cómo puedo morir?

NODRIZA
Ahí tenéis, hijos míos, revuelta está ya
vuestra madre, pues su alma el dolor trastornó.
Cuanto antes a casa corred y allí entrad,
no os pongáis cerca de ella, que no os pueda ver,
no acercaos y mucho cuidado tened
con el fiero talante y atroz natural
de su mente cruel.
¡Vamos, pues, en seguida aquí dentro pasad!

El pedagogo entra con los niños  en el interior de la casa.

¿Qué irá a hacer  esa alma que el mal ha mordido
y en que hay  un orgullo muy grande y tenaz?

MEDEA
¡Ay, ay!
¡Sufro, mísera, sufro, tormentos sin fin!
¡Malditos muráis, pues nacisteis de mí,
una madre funesta, y perezca también
vuestro padre y la casa con él!

NODRIZA
¡Ay, ay, ay! ¡Ay, ay, ay, desdichada de mí!             115
¿Qué culpa hay en los hijos, qué tienen que ver
con las faltas del padre? ¿Les odias? ¿Por qué?
Temo, niños, y siento que vais a penar;
es terrible el antojo del rey, que el servir
no conoce, más sólo el constante imperar;             120

Entra el coro, formado por quince mujeres de Corinto.

CORO
Me llegó la palabra, los gritos oí
de la Cólquide triste, que no recobró
aún la calma. Habla, anciana, habla, pues.
Yo, estando a mi puerta, su voz escuché, que venía                 135
desde aquí, y no me causa placer el dolor de esta casa
que tan querida para mí resulta.

NODRIZA
Ya no existe el palacio, que todo cayó.
Por el lecho real poseído él está
y mí dueña en la alcoba marchítase y no
deja que su ánimo entibie ningún
consuelo que amigos le den.

MEDEA
¡Ay, ay!
¡Mi cabeza atraviesa un celeste fulgor!
¿Para qué quiero ya en adelante existir?
¡Ay de mí! ¡Que me lleguen mi muerte y mi fin
y termine mi odioso vivir!

CORO
¿Escuchasteis, oh, Zeus, oh, la tierra y la luz,
en qué amargos lamentos prorrumpe el cantar
de la esposa infeliz?
Si tu esposo
nuevas bodas pretende, común
cosa ello es. No te irrites así,
que Zeus te vengará. No te consumas
en demasía por tu marido.

MEDEA
¡Artemis santa, gran Temis? ¿No veis
cómo mi esposo se porta después
de que un gran juramento a los dos nos ligó?
¡Ojalá que a su novia con él pueda ver
destrozada, y lo mismo el palacio también
por la ofensa que juntos me hicieron los dos!
¡Padre mío, ciudad de que en tiempos partí
cuando en forma afrentosa a mi hermano maté!

NODRIZA
¿Escucháis cómo a Temis invoca y a Zeus
venerados los dos guardianes de aquel
juramento en que el hombre da fe?
No está cerca el momento en que vaya a amainar
mi dueña en su enorme furor.

CORO
¿Cómo podría acudir hasta aquí
y dejar que la veamos y acaso escuchar
cuanto osemos decir
por si así conseguirnos calmar
de su mente el porfiado rencor?
Que al menos mi buena intención
no falte al amigo.
Anda, pues, y
prueba a hacerla de casa salir.
Di que están los que la aman aquí.
NODRIZA
Voy a hacerlo; aunque temo que no pueda yo
su razón convencer,
por servirte el trabajo me habré de tomar.
Pues parece leona parida al mirar
a sus siervas con torvo ademán cada vez
que alguna se acerca con ganas de hablar.

εὐχαριστῶ πολύ τοῖς ἐμοῖς μαθηταῖς τοῦ 2012 – 2013 ἔτους

DCIM100MEDIA

(Cristina Madroñal, Juan Luis Luque,  Daniel Noguera, Alejandro Martínez, María Álvarez, Ana Sanz, Luz Rosas, Adela Martínez, Sonia Moreno, Eugenia Riveriego,  Kristina Emilova, Nerea Tovar, Pilar Ocaña)

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