Salve Regina

La Salve Regina, o simplemente la Salve, es una de las más populares y conocidas oraciones católicas a María la madre de Jesús. Durante algún tiempo fue atribuida a Bernardo de Claraval (1150). En 1250 Gregorio IX la aprobó. Los monjes la cantaban antes de dormir y los monjes de la orden de Predicadores la cantaban en procesión con velas encendidas.

Salve, Regina, Mater misericordiae, vita, dulcedo et spes nostra, salve.

¡Salve, Reina y Madre de Misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Salve!

Ad te clamamus, exules filii Evae. A ti clamamos, los desterrados hijos de Eva.
Ad te suspiramus gementes et flentes in hac lacrimarum valle. A ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
Eia ergo, advocata nostra, illos tuos misericordes oculos ad nos converte. ¡Ea, pues, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos ojos tuyos misericordiosos,
Et Jesum, benedictum fructum ventris tui, nobis, post hoc exilium, ostende. y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre!
O clemens, o pia, o dulcis Virgo Maria! ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

El cántico concluye con una oración….

Ora pro nobis, sancta Dei Genitrix, ut digni efficiamur promissionibus Christi. Amen. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que nos hagamos dignos de las promesas de Cristo. Amén.

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