El primer cuadro abstracto de la historia

Es posible que el nacimiento de la pintura abstracta tuviese lugar en la antigua Grecia, a raíz de una supuesta visita del pintor Apeles [1]  al pintor Protógenes [2] , cuya residencia estaba en la isla de Creta. He aquí el suceso, narrado por Plinio el Viejo: valoremos si hubo intencionalidad en sus autores y presencia de un análisis formal en su crítico:

Protógenes vivía en Rodas, y Apeles navegó a la isla, pues estaba ansioso por contemplar los trabajos de un hombre al que sólo conocía de oídas. Tan pronto desembarcó, Apeles marchó de inmediato al taller. Protógenes estaba ausente, pero había una gran tabla colocada para pintar.

(sigue leyendo el artículo completo en el blog de Manuel Mora Morales)

agnes martin Gratitude 2001

(Agnes Martin, «Gratitude», 2001)

Arrojan luz sobre el misterioso origen del oro del tesoro de Troya

Un estudio demuestra que el metal precioso del tesoro de Príamo, el de Lemnos, el de Ur y el de Georgia tienen el mismo origen geográfico, lo que confirma que se comerciaba a grandes distancias.

(Sigue leyendo el artículo completo en ABC.es.cultura )

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La sátira latina, Persio

Posición de Persio en la literatura latina

poesía épica poesía lírica poesía satírica teatro prosa
s. II a.e.c. [Ennio] [Lucilio] Plauto

Terencio

s. I a.e.c. Virgilio Catulo

Horacio

Ovidio

Propercio

[Horacio] Julio César

Cicerón

Cornelio Nepote

Salustio

Tito Livio

s. I d.e.c. Lucano Tibulo Persio

Marcial

Séneca [Séneca]

Tácito

s. II d.e.c. Juvenal Suetonio

La sátira es un género poético latino cuyo contenido es la crítica, a veces agresiva, a veces algo más amable, de personas concretas o de defectos humanos o algunas costumbres.

El autor más antiguo de sátiras, del que se conserva fragmentos de su obra (tan solo unos 1400), es Lucilio (148-102 a.e.c), uno de primeros autores de la literatura latina.

De un siglo más tarde, ya en época plenamente clásica, es Horacio (65 – 8 a.e.c.), poeta latino de primer orden (no como Lucilio, que apenas es conocido). Horacio es conocido sobre todo por otro conjunto de poemas, su libro de Odas, de contenido lírico. Pero también es autor de un libro o conjunto de poemas que denominó Sátiras.

Y hay que esperar medio siglo más para encontrarnos con el siguiente autor de sátiras, Aulo Persio Flaco (34-62 d.e.c.). Este género literario tendría continuación una generación más tarde con el poeta Décimo Junio Juvenal (60-135 d.e.c.).

Normalmente, cuando se habla del género de la sátira latina, nos estamos refiriendo a Persio y Juvenal. El precursor Lucilio es poco conocido por ser su obra demasiado fragmentaria, apenas unas citas dispersas. En cuanto a Horacio, solemos pensar en él como autor de poemas líricos, por ser sus poemas satíricos sólo una parte minoritaria de su producción y por la mayor relevancia que siempre se le ha dado a su Odas. Un autor que, si acaso, se podría añadir a la lista es el hispano Marcial, coetáneo de Persio, autor de una colección de poemas conocidos como Epigramas, y muchos de los cuales tienen contenido satírico, si bien otros son de tema erótico y de otros temas varios.

En cuanto a las características de género, tanto en contenido como en su forma, podría decirse que estas fueron ya establecidas por el precursor Lucilio y que los autores posteriores siguen su estela, repitiendo a veces los mismos temas, con mayor o menos acritud o vehemencia, según cada cual. Temas preferidos objetos de crítica son la decadencia moral de las costumbres romanas. Según estos autores, el aumento del lujo, la riqueza y el poder entre los romanos, así como la influencia negativa de pueblos extranjeros (los griegos, en concreto, según Juvenal) estaba llevando a una perdida de los valores morales y religiosos auténticamente romanos, precisamente aquellos valores que habían hecho de Roma la cabeza del mundo civilizado. En esta visión de las cosas influye mucho la filosofía estoica, de la cual Persio era un firme seguidor.

También hacen referencia al mundo de las letras y la cultura, atacando a los malos autores y oradores, por ejemplo.

Otras veces el objeto de sus críticas son vicios o defectos humanos universales, como la avaricia, la vanidad, el adulterio, la hipocresía en los cultos religiosos, la pereza… No faltan críticas de tipo político, como a la corrupción de algunos gobernantes, si bien aquí los poetas debían medir bien sus palabras por no atraerse el enojo del emperador de turno, como Nerón, bajo cuyo principado vivió Persio.

En todo ello hay algunas diferencias entre unos autores y otros: las críticas de Horacio son más amables, probablemente menos sentidas, limitándose a repetir los tópicos usuales del género, mientras que en Persio las críticas son auténticas y virulentas, por ser él un decidido seguidor de la filosofía estoica, lo que le hacía ver solo males y defectos en la sociedad de su época.

En cuanto a su forma, usa el verso denominado hexámetro dactílico (el mismo que el del género de la épica que vemos en Virgilio. s. I a.d.c.) y un latín más cercano a la lengua coloquial, que no rehuye vulgarismos e incluso vocablos obscenos, lo cual está en consonancia con el propósito del género, que es denunciar, zaherir y fustigar defectos humanos, o de la sociedad romana e incluso de personas concretas.

También en esto hay diferencias notables entre los autores: el estilo y el latín de Horacio es más clásico, más cuidado y elegante, como en el resto de su producción poética. No podemos decir lo mismo del estilo de Lucilio, que usa un latín aún un tanto arcaico, ni de Persio, cuyo estilo complicado y oscuro. Hay que decir en su favor que su temprana muerte a los 28 años le impidió quizás revisar su breve obra de solo seis poemas y pulir su estilo.

El género de la sátira tuvo bastante aceptación en la Edad Media por su carácter moralizante, sobre todo los poemas de Juvenal, de un latín más accesible. La influencia del género llega hasta Quevedo, en el llamado Siglo de Oro español.

Sátira V de Persio, versos 1 – 18.

Persio critica el lenguaje grandilocuente de los poetas sobre todo a los autores de tragedias.

Cien voces, y cien lenguas, y cien bocas es costumbre que pidan los poetas para decir sus versos, sea que hagan en las tablas gemir a la tragedia, o bien canten las heridas al arrancar de la ingle la saeta del parto.

Interviene ahora, en un diálogo fingido, el filósofo Cornuto, maestro de Persio:

«Y todo eso ¿a qué fin? ¿Cuántas hornadas de robustos versos producir intentas, que necesitas cien gargantas para tal empresa?

Sigue luego una metáfora gastronómica: mientras que los poetas trágicos y los actores cantan las historias truculentas de hijos asesinados que fueron cocinados y servidos a sus padres como venganza a ofensas anteriores (se citan los mitos referidos a Tiestes y a Procne), Cornuto aconseja a Persio que se deje de tan rebuscados y dudosos manjares y se contente con los más sencillos y vulgares alimentos de pueblo llano. Con esto aconseja dejar a un lado el estilo y lenguaje pomposo de la tragedia y utilice un lenguaje más propio del pueblo. Le aconseja que use el lenguaje de la toga, la vestimenta acostumbrada de los varones romanos: una metáfora más para aconsejar el uso de un lenguaje llano y austero, con el que condenar los vicios en la línea de la filosofía estoica.

Menciona a un famoso actor de nombre Glicón, quien, como era costumbre, hinchaba los carrillos para forzar la voz y darle un tono más grave, en consonancia con la gravedad y solemnidad del asunto tratado. Cornuto aconseja a Persio no recurrir a tales artificios, metafóricamente hablando.

Vatibus hic mos est, centum sibi poscere voces,

centum ora et linguas optare in carmina centum,

fabula seu maesto ponatur hianda tragoedo,

volnera seu Parthi ducentis ab inguine ferrum.

Cien voces, y cien lenguas, y cien bocas es costumbre que pidan los poetas para decir sus versos, sea que hagan en las tablas gemir a la tragedia, o bien canten las heridas al arrancar de la ingle la saeta del parto.

—Quorsum haec? aut quantas robusti carminis offas

ingĕris, ut par sit centeno gutture niti?

«Y todo eso ¿a qué fin? ¿Cuántas hornadas de robustos versos producir intentas, que necesitas cien gargantas para tal empresa?

grande locuturi nebulas Helicone legunto,

si quibus aut Procnes aut si quibus olla Thyestae

fervebit saepe insulso cenanda Glyconi.

Que los que quieran cantar cosas sublimes recojan en el Helicón las nieblas, cuando la olla de Tiestes o de Procne calientan para las cenas del insulso Glicón .

tu neque anhelanti, coquitur dum massa camino,

folle premis ventos nec clauso murmure raucus

nescio quid tecum grave cornicaris inepte

nec scloppo tumidas intendis rumpere buccas.

Tú, mientras que la masa se cuece en el horno, el jadeante fuelle nunca aprietas, ni retumbas croando entre tú y tú no sé qué cosa solemne, ni los carrillos hinchas hasta reventar.

verba togae sequeris iunctura callidus acri,

ore teres modico, pallentis radere mores

doctus et ingenuo culpam defigere ludo.

hinc trahe quae dicis mensasque relinque Mycenis

cum capite et pedibus plebeiaque prandia noris.’

Tú sigues el lenguaje de la toga : sencillez y osadía sabes unir, el vicio condenando con docto estilo y oracion ingenua. Prosigue así, y el hórrido banquete de cabezas y pies deja en Micenas; apégate a las comidas plebeyas».

Traducción de Jose María Vigil, revisada.

Himno a Calíope y Apolo de Mesómedes de Creta

Mesomedes de Creta (Μεσομήδης ὁ Κρής) fue un poeta lírico griego y compositor de comienzos del siglo II, liberto del emperador Adriano, para cuyo favorito Antínoo, parece que escribió un panegírico. Es autor de unos breves himnos de los cuales se conserva la anotación musical, por lo que es posible reconstruir la melodía, como hace Thanasis Cleofás en el siguiente vídeo.

Himno a Calíope y a Apolo

ἄειδε μοῦσά μοι φίλη
μολπῆς δ’ἐμῆς κατάρχου
αὔρη δὲ σῶν ἀπ’ ἀλσέων
ἐμὰς φρένας δονείτω.
Canta para mí, amada Musa,
comienza mi melodiosa melodía;

y que una brisa de tus arboledas,
haga temblar mi alma.
Καλλιόπεια σοφά,
Μουσῶν προκαθαγέτι τερπνῶν,
καὶ σοφὲ μυστοδότα,
Λατοῦς γόνε, Δήλιε Παιάν,
εὐμενεῖς πάρεστέ μοι.
¡Oh sabia Calíope,
líder de las graciosas Musas,
y tú, sabio guía de los misterios,
hijo de Leto, Delio Peán,
ayúdame con tu favor!

He aquí otra interpretación del mismo himno, también con instrumentos de época:

 

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Himno homérico II, Dioniso y los piratas

Traducción del Himno homérico a Dioniso donde trata de cómo éste fue apresado por unos piratas y cómo se vengó de ellos. Los himnos homéricos son una serie de poemas conservados en verso épico que fueron atribuidos al insigne rapsoda.

dioniso y los piratas 00


Voy a conmemorar de Dioniso, el hijo de la gloriosísima Sémele, cómo apareció junto a la orilla del mar inculto en un promontorio avanzado, en la figura de un varón joven, en su primera adolescencia. Hermosos ondeaban en redor suyo los oscuros cabellos. Un manto de púrpura llevaba sobre sus robustos hombros. De pronto, unos hombres surgieron raudamente de una nave bien provista de bancos, sobre la mar vinosa: unos piratas tirrenos ¡Mal destino los guiaba! Al verlo, intercambiaron señales con la cabeza. Al punto saltaron a tierra y, tras apoderarse en seguida de él, lo instalaron en su nave, regocijados en su corazón.
Se figuraban, en efecto, que era un hijo de reyes vástagos de Zeus y querían atarlo con terribles ligaduras. Pero las ataduras no conseguían retenerlo, y los mimbres caían lejos de sus manos y pies. Mas él permanecía sentado con una sonrisa en sus ojos zarcos. El timonel, al percatarse, llamó en seguida a sus camaradas y les dijo:
– ¡Infelices! ¿Qué dios es éste al que pretendéis atar, tras haberlo capturado, poderoso como es? Pues ni siquiera puede soportar su peso la nave bien construida. De seguro que éste, o bien es Zeus o Apolo el del arco de plata, o Poseidón, puesto que no es semejante a los hombres mortales, sino a los dioses que poseen olímpicas moradas.
¡Ea!, dejémoslo, pues, en la oscura tierra firme en seguida, y no le pongáis las manos encima, no sea que, irritado por algo, suscite vientos terribles y enorme tempestad.
Así dijo. Pero el capitán lo reprendió con acerbas palabras:
— ¡Infeliz! Atiende a la brisa favorable e iza conmigo la vela de la nave asiendo las jarcias todas, que de él se ocupará la tripulación.
Espero que llegará a Egipto o a Chipre o junto a los Hiperbóreos o más allá. Y al final nos revelará alguna vez a sus amigos y todos sus bienes, así como a sus parientes, puesto que una divinidad nos lo puso a nuestro alcance.
Dicho esto, arbolaba el mástil y la vela de la nave. Sopló el viento el centro de la vela y a uno y otro lado tendieron las jarcias. Pero bien pronto se les mostraron sucesos prodigiosos. Lo primero, por la rauda nave negra comenzó a borbollar un oloroso vino dulce de beber y emanaba un aroma de ambrosía. De los marineros todos hizo presa el estupor cuando lo vieron.
En seguida, por lo más alto de la vela se extendió una viña de parte a parte y de ella pendían numerosos racimos. En torno al mástil se enredaba, negra, una hiedra cuajada de flores. Lleno de encanto brotaba sobre ella el fruto. Todos los escálamos tenían guirnaldas. Ellos, al verlo, exhortaban ya entonces al timonel a que acercara la nave a tierra. Pero el dios se les transformó en un león espantoso dentro de la nave, sobre el puente. Lanzaba grandes rugidos y, por dar señales de su divino poder, suscitó en la parte central una osa de hirsuta cerviz.
Se alzó, furiosa, y el león se hallaba sobre lo alto del puente, dirigiéndoles torvas, terribles miradas. Ellos huyeron hacia popa y en torno al timonel, que conservaba su ánimo templado, se detuvieron atemorizados. Mas de repente el león, de un salto, hizo presa en el capitán. Los demás, cuando lo vieron, para librarse de un funesto destino, saltaron todos a la vez por la borda, hacia la mar divina, y se tornaron en delfines. Del timonel en cambio se apiadó. Lo contuvo, lo hizo del todo feliz y le dijo estas palabras:
—Ten ánimo, divino timonel, grato a mi corazón. Soy Dioniso, el de poderoso bramido. La madre que me engendró fue la cadmea Sémele, tras haberse unido en amor a Zeus.
¡Salve, hijo de Sémele, la de hermoso rostro! En modo alguno es posible, olvidándose de ti, componer un dulce canto.

Canción «La gaviota»

Canción «La gaviota»

Ο γλάρος – La gaviota

Μια βάρκα ήταν μόνη της σε θάλασσα γαλάζια

κι ήτανε κι ένας γλάρος με ολόλευκα φτερά

κι όλο την κοντοζύγωνε για να της κάνει νάζια

και τις φτερούγες του έβρεχε στα γαλανά νερά

Una barca estaba sola en un mar azul claro

y estaba una gaviota con alas todo blancas

y la acercó siempre para mimarla

y mojaba sus alas en las aguas azules

Και ζήλεψα τη βάρκα τη μικρή τη χιονάτη

που της φιλούσε ο γλάρος το κατάλευκο πανί

Και νοιώθω σα βαρκούλα στα γαλάζια τα πλάτη

που όλο περιμένει κάποιο γλάρο να φανεί

Y envidiaba a la pequeña barca blancanieves

a la que la gaviota le besaba su vela toda blanca

Me siento como una barquita en los paisajes azules

que siempre espera a alguien aparecer

Ένα γεράνι κόκκινο λουλούδισε στη γλάστρα

κι ήρθε μια πεταλούδα που πετούσε σαν τρελή

Και ποιος να ξέρει άραγε τι του ‘πε η ξελογιάστρα

και ‘κεινο εκοκκίνισε ακόμα πιο πολύ

Un geranio rojo floreció en la maceta

y vino una mariposa que voló como loca

Y quién sabe qué le dijo la seductora

que él se sonrojó aún más.

Και όλο συλλογιέμαι τα φτερά τ’ ανοιγμένα

αλλά το τι να είπαν δεν το βρίσκω, ομολογώ

Ποιος άραγε το ξέρει να το πει και σε μένα

Ας τ’ άκουγα από ‘σενα κι ας κοκκίνιζα και ‘γω

Y siempre pienso en las alas abiertas

pero confieso que no sé lo que dijeron

Quien lo sepa, que me lo diga también

¡Que yo lo escuche de ti y me sonroje también!

Χθες το φεγγάρι ασήμωσε της λεύκας μας τα φύλλα

που στέκονταν ακίνητη εκεί στην ερημιά

κι όταν ο μπάτης φύσηξε της ήρθε ανατριχίλα

κι αμέσως τρεμουλιάσανε τα φύλλα τα ασημιά

Ayer la luna plateó las hojas de nuestro álamo

que estaba inmóvil allí en el desierto

y cuando la brisa sopló, él tiritó

y a la vez las hojas plateadas temblaron.

Και όλο συλλογιέμαι, συλλογιέμαι πως κάτι

πρέπει να είπε ο Μπάτης μυστικό μες τα κλαδιά

Ας τ’ άκουγα από σένα τα λογάκια του Μπάτη

κι ας ένιωθα να τρέμει σαν τα φύλλα η καρδιά

Y siempre pienso, pienso que la brisa del mar

debe haber dicho algo oculto en las ramas

¡Escuche yo de ti las palabritas de la brisa

y que yo sienta mi corazón temblar como las hojas

El género de la oratoria

ORATORIA: ARTE DE HABLAR EN PUBLICO
1.Retórica, elocuencia, oratoria. —2. La palabra en el tiempo.—3. El hombre que habla, los
hombres que escuchan. —4. Técnicas de la persuasión. — 5, Técnica de la forma oratoria. — 6.
Especies del género oratorio.

.1. Retórica, elocuencia, oratoria.
__La forma más grandiosa de la expresión oral se obtiene cuando un hombre, sólo con su palabra, domina a una muchedumbre, la persuade, la arrastra o la paraliza. Eso es la oratoria. Tan vieja como la sociedad humana, esa facultad de presentarse ante las masas y llevarles los sentimientos, las ideas, los propósitos que quiera el orador tiene algo de sublime, de subyugador.
__«Arte de seducir a las almas por la palabra», dijo Platón que era la oratoria. Y la eficacia de esta «seducción» es innegable: la palabra levanta ejércitos, enciende revoluciones, frena el furor, mueve a lágrimas, cambia la vida de los hombres.
__Estamos acostumbrados a pensar que la «acción» es la que lo hace todo. Pero olvidamos que es la «palabra» lo que mueve la acción. 
Eso es lo que descubrió Ulises en la tragedia de Sofócles, «Filoctetes». [……..]

 

(Puedes descargar el estudio completo sobre el género

de la oratoria en archivo PDF pulsando en este enlace)

 

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Selección de la Anábasis, [2] Preparativos de Ciro para destronar a su hermano Artajerjes

[2] Preparativos de Ciro para destronar a su hermano Artajerjes (01.04. )

ὁ δ΄ ὡς ἀπῆλθε κινδυνεύσας καὶ ἀτιμασθείς͵ βουλεύεται ὅπως μήποτε ἔτι ἔσται ἐπὶ τῷ ἀδελφῷ͵ ἀλλά, ἢν δύνηται, βασιλεύσει ἀντ΄ ἐκείνου.

Éste, como se marchó habiendo arrostrado peligros y ultrajado, decide el modo de no estar ya nunca más bajo el poder de su hermano, sino, si podía, de reinar en su lugar.

Παρύσατις μὲν δὴ ἡ μήτηρ ὑπῆρχε τῷ Κύρῳ͵ φιλοῦσα αὐτὸν μᾶλλον ἢ τὸν βασιλεύοντα Ἀρταξέρξην

Parisatis, la madre, ayudaba sin duda a Ciro, porque lo quería más que al reinante Artajerjes.

Notas: ἐπὶ … “en poder de… “; φιλοῦσα participio concertado, con valor de orac. sub. causal “puesto que…, ya que lo amaba …”

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Canción «En el castillo de Digenís» o «La lunática»

Canción «En el castillo de Digenís» o «La lunática» (Στου Διγενή τα κάστρα), interpreta Manos Hatzidakis.

Στου Διγενή τα κάστρα

( Η τρελή του φεγγαριού )

En el castillo de Digenís

 (la Lunática)

Ψηλά στου Διγενή τ’ αλώνια

τις νύχτες του καλοκαιριού

του κάτω κόσμου τα τελώνια

με λεν τρελή του φεγγαριού.

Allá en lo alto, en las eras de Digenís

en las noches veraniegas

los diablillos del inframundo

me llaman la lunática

Μα εγώ χρυσόβουλο κρατάω

από καιρούς βυζαντινούς

και τ’ άγρια βάθη που κοιτάω

δεν τα χωράει ανθρώπου νους.

Pero tengo un sello de oro

de época bizantina

y los feroces abismos que veo

no caben en la mente humana.

Ψηλά στου Διγενή τα κάστρα

στον τάφο του νεκρού παλικαριού

τα νυχτοπούλια κάτω απ’ τ’ άστρα

με λεν τρελή του φεγγαριού.

Allá en lo alto del castillo de Digenís

en la tumba del muchacho muerto

las lechuzas bajo las estrellas

me llaman la lunática

 

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